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Sistema de facturación para colmados

Islorbit sirve a un colmado para tres cosas concretas: cobrar rápido en el mostrador aceptando efectivo, tarjeta y transferencia en la misma venta; cerrar la caja con el cuadre hecho en vez de contar billetes contra la memoria; y saber qué se vende de verdad y qué lleva tres semanas ocupando estante.

Lo que no hace, y va aquí arriba: no hay fiado. No existe cuenta por cobrar, ni saldo pendiente por cliente. Si tu colmado vive del «apúntamelo», esa parte seguirá en la libreta. Preferimos que lo sepas ahora y no el día nueve de la prueba.

Dueño de un colmado dominicano contando billetes sobre el mostrador, con la nevera de refrescos al fondo.
Fotografía ambiental generada digitalmente para ilustrar el contexto. No es un cliente de Islorbit.

Cobrar sin sacar la calculadora

Buscas el producto por nombre o por código, lo añades, y el total se arma solo con el ITBIS del 18 % calculado línea por línea. Los productos exentos no lo llevan porque se marcan como exentos una sola vez, al darlos de alta, y no hay que acordarse en cada venta.

Una misma venta se puede pagar con varios métodos a la vez: doscientos en efectivo y el resto por transferencia, que es como se paga de verdad en un colmado. El sistema reparte el cobro y lo deja registrado por método, que es lo que después hace posible el cuadre.

Cómo funciona el punto de venta

La caja cuadra o no cuadra, y lo sabes a las nueve

Al abrir declaras con cuánto empiezas. Durante el día, cada venta queda asociada a esa sesión de caja con su método de pago. Al cerrar, cuentas lo que hay y el sistema te dice la diferencia contra lo que debería haber.

No es un reporte que se consulta al día siguiente: es el momento de bajar la reja. Si faltan cuatrocientos pesos, te enteras con la gente todavía en el barrio y no el martes.

Fachada de un colmado dominicano de esquina al mediodía, con sillas plásticas y un motor parqueado en la acera.
Ilustración editorial generada digitalmente.

El sistema no te deja vender lo que dice que no tienes

Si intentas cobrar seis unidades de algo que en el sistema figura con cuatro, la venta no pasa. Es una decisión de diseño, no un fallo: lo contrario sería dejar el inventario en negativo y que el número dejara de significar nada.

En un colmado eso tiene un precio, y conviene decirlo: la primera semana el sistema te va a frenar en el mostrador con gente esperando, porque el conteo inicial nunca está perfecto. La forma de que deje de pasar es hacer un conteo físico en serio el primer sábado y ajustar. Después de eso, el freno se convierte en la señal de que algo salió sin registrarse — que es exactamente la información que un colmado nunca tiene.

Cómo se ajusta y se cuenta el inventario

Lo que un colmado no va a encontrar aquí

  • Fiado

    No hay cuenta por cobrar del cliente. Una venta se registra pagada con uno o varios métodos; no existe el «apúntamelo» con un saldo que se salda el viernes. Para un colmado que fía, esto es lo primero que hay que saber.

  • Lotes y fechas de vencimiento

    El sistema sabe cuántas unidades hay, no de qué lote son ni cuándo se vencen. Con lácteos, embutidos y pan, eso hay que seguir controlándolo aparte.

  • Venta por peso

    El stock se lleva en unidades enteras y no hay balanza conectada. Media libra de salami sigue siendo una venta que se registra a mano como un producto aparte.

  • Dos cajeros a la vez

    La sesión de caja es del negocio, no de cada persona. Si tienes dos cobrando en dos computadoras, no hay dos cuadres separados al cierre.

Pruébalo un sábado, que es cuando se ve

Catorce días de prueba, sin tarjeta y sin visita de vendedor. Si al cuarto día ves que no es para ti, no hay nada que cancelar.

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